Perfumes de azúcar: el dulce, bien hecho

Los perfumes de azúcar son la cara más golosa de la perfumería… y la más fácil de estropear. En manos de un buen perfumista, el azúcar no empalaga: da textura, calidez y ese punto adictivo que hace girar cabezas. Aquí tienes las fragancias de nuestras maisons donde el dulzor —caramelizado, tostado o de feria— está trabajado con oficio.

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A qué huelen los perfumes de azúcar

En perfumería no se destila azúcar: se construye. El acorde nace sobre todo del etil maltol, la molécula del azúcar caramelizado, y se modula hacia donde quiera el perfumista: azúcar moreno con matices tostados, caramelo mantecoso, o ese algodón de azúcar de feria, esponjoso y empolvado, que dispara la nostalgia en medio segundo y devuelve a cualquiera a los recintos feriales de la infancia. Es el corazón de la familia gourmand, la que huele a cosas que apetece comerse.

El truco del nicho: dulzor con contrapeso

La diferencia entre un gourmand de autor y un caramelo andante está en el contrapeso. Nuestras maisons cortan el dulzor con sal, madera, almizcle o especia, y ahí es donde el azúcar se vuelve interesante. Anti Malocchio, de Nobile 1942, esconde su azúcar caramelizado entre almendra, guindilla roja y maderas: dulce con nervio. Y Muschio 20 Nobile remata sus almizcles blancos con algodón de azúcar, un final mullido que abraza sin pegarse.

Para golosos con criterio

Si lo tuyo es el parque de atracciones olfativo, Vanilla Park, de Maison Tahité, es exactamente eso: dulzor de feria sobre fondo de vainilla bien construida. Y para un dulce más adulto, Mandorla del Sud tira de almendra mediterránea. Los perfumes con olor a algodón de azúcar suelen etiquetarse "para jovencísimas": estos no. Son dulces que puede llevar cualquiera, a cualquier edad, sin oler a chuchería.

Cuándo llevar un perfume dulce

El azúcar rinde mejor con frío: en invierno se vuelve envolvente y dura horas; en pleno agosto puede hacerse pesado. Para el día, mejor los dulces con contrapunto salado o amaderado, que acompañan sin anunciar merienda; para la noche y los planes de sofá y manta, rienda suelta al goloso que llevas dentro. Y como el dulzor satura la nariz rápido, dosifica: dos pulverizaciones bien puestas cuentan más que seis.